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Olvido

Lo peor de que te digan que todo lo olvidarás, que los recuerdos, las palabras, las sonrisas, y las caricias un día desaparecerán... Lo peor de que te digan que todo lo perderás, que las miradas, los sabores, los olores y los abrazos un día ya no estarán... Lo peor de que te digan todo eso, lo peor de que te lo repitan sin cesar es que llegará un día en que, realmente, será verdad...

Verano

 Cuántas veces en verano has despertado de la mano de una historia que no querías escuchar, un relato envuelto en un fervor desesperado, cubierto de un profundo desamor. Cuántas veces en verano has despertado de la mano de un amante sin amor, con los dedos sobre un torso despojado, con trescientos sesenta y cinco pedazos en el corazón. Cuántas veces en verano has despertado sola, rota, deseando que llegara ya el invierno para disimular la gelidez de tu cuerpo bajo el pretexto de tener roto el corazón.

Y si te digo que te quiero...

Y si te digo que te quiero... ¿te volverás a asustar? ¿te esconderás bajo las sábanas, sin siquiera despertar? Y si te digo que te quiero... ¿volverás a echarte atrás? ¿me dirás 'yo es que no puedo', 'yo no puedo, de verdad'? Y si te digo que te quiero... ¿entenderé lo que es amar? ¿volveré a sentir el fuego que perdí tras el cristal? Y si te digo que te quiero... que te quiero, nada más. ¿Te arrojarás hacia el vacío? ¿te olvidarás de los demás?

Nada

Nada. No siento nada cuando mi espalda se comba lenta bajo tu voz. No siento nada cuando mi boca se encuentra bajo tu cuello, hambrienta. Nada . No siento nada cuando tus ojos, entre susurros, dicen «te quiero».  No siento nada cuando las luces, que parpadean bajo las sábanas, se extinguen,  ahogadas en tu calor. Nada , no siento nada . No siento nada cuando tus manos,  seguras, constantes, comienzan a desnudarme. No siento nada , nada . No siento nada . No siento nada cuando tu voz, entrecortada, retumba  entre los dos. No siento nada ... Nada ... No siento nada ....

Te quiero

Te quiero desde que te vi, no importa si no entiendes mis palabras. Te quiero, aunque me muerdas, aunque te enfades conmigo. Te quiero. Te quiero aunque no puedas caminar, te quiero aunque tus patas ya no sean capaces de subir las escaleras. Te quiero aunque ya no me veas, aunque no encuentres las migas desperdigadas por el suelo. Te quiero. Te quiero aunque estés tan callado, que parece que ya no estás aquí. Te quiero cuando te levantas para saludarme, te quiero cuando me hueles la mano para saber quién soy, te quiero cuando me chupas para decirme que me quieres, te quiero cuando me arropas cuando me siento mal. Te quiero cuando me escuchas, te quiero cuando me dejas acariciarte sin rechistar. Te quiero cuando me miras, te quiero cuando me buscas y no paras hasta encontrarme.  Te quiero aunque ya no seas capaz de hacer la mitad de estas cosas. Te quiero aunque no puedas más. Te quiero aunque estés a punto de irte. Te quiero aunque me dejes atrás. Te quiero aunque ya no ...

No te merezco.

Tus lágrimas amargas, los abrazos de adiós. No los merezco. No te merezco. Las caricias infinitas, el cariño desbordado.  No lo merezco. No te merezco. Tu miedo a perderme, tu miedo a quererme. No lo merezco. No te merezco. El dolor y la mentira, el pesar y la tortura. No los mereces. No te merezco. El perdón y la ternura, el amor y la ventura.  No los merezco. No te merezco. No te merezco.

Eras poesía.

Tus ojos, claros, se enternecían; eras poesía. Tu lengua, dulce, se entretenía; eras poesía. Tus manos, firmes, se entreveían; eras poesía. Eras poesía cuando llovía, eras poesía bajo el cristal. Eras poesía al final del día; eras poesía, y nada más. Pero al levantar los ojos hacia ti; al querer mirar y descubrir tu identidad; entonces, me di cuenta de que, en realidad, tu poesía no vale nada si no veo en tu mirada ningún atisbo de él.

Suspiro

El toque de tu piel mezclado con mis cosquillas; las manos sobre el papel pintado de tus costillas. La caricia del pincel templado de tu saliva; las manos en la pared, tu boca sobre la mía. Un suspiro y, después, un silencio nublado; la soledad del ayer. Un suspiro y, después, un grito ahogado; me olvidarás otra vez.

Poesía

El sonido de tus dedos tecleando es poesía en el silencio de este sordo  mediodía.

Lejos

Lejos;           en otro país,                               en otra ciudad,                                                       en otro universo. Lejos;           en otro tiempo,                                    en otro espacio,               ...