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Culpa

Un filo de voz entrecortada siguió al grito ya mencionado en otro triste poema. Mil «lo siento » acompañaban cada segundo de la tristeza que se mezclaba con rencor en aquel corazón arrinconado en un pozo de indolencia.

Grito

Se escuchó un aullido aquella noche; ojalá hubiera sido un lobo, pero no: ese grito acobardado por la tranquilidad del entorno fue proferido por una boca sufriente, por unos labios quebrados y atrapados, impotentes, en una incesante pena. Ya, ya lo sé, fui yo.

El día en que creí morir

El día en que creí morir temblaban los cristales. Las cortinas estaban echadas y la luz apagada. El día en que creí morir se escuchaba el claxon de decenas de coches. La televisión estaba encendida, y un murmullo de voces llegaba hasta la habitación. El día en que creí morir nos sobrevolaban aviones del ejército, de esos que en las películas lanzan bombas al azar sobre una ciudad en llamas. La ciudad no estaba en llamas, pero, esa noche, estaba en guerra. El día en que creí morir me acurruqué en una cama ajena, en una casa ajena, abrazando a mi novio de aquellas, que seguramente tenía más miedo que yo.  « Estamos lejos de allí, no te preocupes » , me decía.  Y yo me hacía la tonta intentando convencerme de que lo que decía era verdad. En realidad estábamos a apenas unas calles del lugar donde la gente se estaba quitando la vida.  Y el rezo no dejaba de escucharse en cada una de las mezquitas; el rezo de la muerte, el rezo de la desesperación. El día en q...

Cuchillo

Cada adiós que pronunciamos se convirtió en cuchillo y ya no sé cuántas puñaladas recibieron mis costados.

Mentiroso

No me mires a los ojos, no sea que las mentiras, que tan obvias me parecen, se te vean reflejadas a traición en las pupilas.

Llanto

Y, de golpe, por la noche, cuando la habitación se queda a oscuras, me despierto de repente y aparece, así, en mi mente la peor de las preguntas: ¿Qué es lo que he hecho?

Muerte

Te besé por última vez un triste nueve de mayo; tu cuerpo se enfriaba bajo mis manos de papel y yo me prometí quererte siempre, aunque tu corazón ya no latiera contra las yemas de mis dedos, aunque tus ojos ya no vieran más allá de sus pupilas anegadas por la muerte en aquel último adiós.

Deshielo

Abrázame tan fuerte que el calor de mis mejillas se convierta en anestesia y me deshiele el corazón.

Este silencio.

¿Así que este es el silencio que me envuelve cada vez que me desprendo de cualquiera de esa gente que refleja un sentimiento con mil besos en mi frente?

Gran Vía

Nuestros pasos en Gran Vía a las 2 de la mañana se han convertido en melodía y nuestras manos encerradas en un lazo inquebrantable son la razón de la sonrisa dibujada en tu mejilla.